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miércoles, 10 de noviembre de 2010

"La ciencia necesita al arte"

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad la interrelación entre arte y ciencia ha sido una constante, hasta el punto que casi todos los grandes hombres del Renacimiento fueron científicos y artistas a la vez.

Y autores como el estadounidense Jonah Lehrer -quien es editor asociado de la revista especializada en tecnología Wired y ha escrito sobre psicología y neurociencia para numerosas publicaciones- insisten en que ya es hora de recuperar esa relación.

"La ciencia necesita al arte", le dijo Lehrer a BBC Mundo.

Y desde el mundo del arte también hay voces que apuestan por ese reencuentro.

No se trata de una idea descabellada.

Después de todo, el nombre de Leonardo Da Vinci basta para recordar que ciencia y arte no siempre se han mantenido tan claramente separados como sucede con los actuales programas de estudio, desde el bachillerato hasta la universidad.

Lea también: Ciencia y arte: caminos entrecruzados y vea: Fotos en la frontera entre el arte y la ciencia

Reconociendo los límites

Para Lehrer, una razón de peso para buscar un mayor acercamiento es que la ciencia moderna, por sí sola, no ha logrado encontrar la respuesta a todas las preguntas, como en algún momento se aspiró.

"La ciencia tiene su propio método. Y todos los métodos tienen sus límites. No hay ningún método, proceso o enfoque que pueda contestar todas las preguntas. Esa es la realidad de la realidad. Eso es lo que la hace tan interesante", dijo.

Además, en lo que se refiere a las preguntas fundamentales -sostiene Lehrer- el arte ha demostrado ser más efectivo que la ciencia a la hora de ofrecer una explicación.

Su ejemplo favorito es el de la autoconsciencia. "¿Qué significa estar consciente? ¿Qué le permite al cerebro, a esas tres libras de carne que tenemos en la cabeza, reconocer y ordenar la propia experiencia?"

Ese es, afirma, "el gran misterio"; la pregunta más importante de todas. Y la forma en la que las neurociencias intentan responderla -dividiendo al cerebro en pedazos, explicándolo en términos como proteínas, neuronas y neurotransmisores- le parece claramente insuficiente.

"Somos mucho más que la suma de las partes. E intentar explicar lo que somos de esa manera, es perder de vista lo verdaderamente importante", le dijo Lehrer a BBC Mundo.

"No deja de ser irónico que justo la realidad que la neurociencia no es capaz de explicar, es en realidad la única que somos capaces de experimentar los humanos".

"Y es por eso que necesitamos novelistas", afirmó.

"Proust era un neurocientífico"

El ensayista no es el único en haber llegado a esa conclusión.

El lingüista Noam Chomsky también dijo en una ocasión que siempre aprenderemos más sobre la naturaleza humana de los novelistas que de los científicos o psicólogos.

Y Lehrer lo pudo comprobar en carne propia mientras trabajaba en un laboratorio que estaba estudiando el funcionamiento de la memoria.

La lectura del francés Marcel Proust lo acompañaba durante las largas horas de espera propia de los experimentos. Para ese entonces, todavía tenía fresco el recuerdo de los intentos de James Joyce por capturar en su obra el abigarrado y continuo presente de la actividad mental.

"Esos novelistas estaban revelando cosas acerca de la memoria que yo no podía siquiera empezar a estudiar en el laboratorio", cuenta Lehrer.

La experiencia le dio el título de su primer libro: "Proust era un neurocientífico".

Su tesis central: que una relación más estrecha entre ciencia y arte puede ayudar a hacer mejor ciencia.

Las preguntas correctas

Para el también autor de "¿Cómo decidimos?", parte del problema es que la realidad "comprobable" nos dice que la materia es algo cierto, el tiempo fluye hacia delante y que existen sólo tres dimensiones.

"Y para poder aventurarnos más allá de esas intuiciones innatas, nos vemos forzados a recurrir a metáforas. Por eso es que la ciencia moderna necesita del arte", explicó.

Un ejemplo histórico es el de Niels Bohr, ganador del premio Nobel de física de 1922 por sus contribuciones al estudio de la estructura de los átomos.

El físico danés encontró inspiración en la pintura cubista, la que le permitió reconocer la naturaleza dual de los electrones como ondas y como partículas.

Y Lehrer sostiene que el arte también puede ayudar a los científicos a hacerse mejores preguntas.

"Nuestras universidades deberían comenzar a ofrecer un curso de ‘Poesía para físicos’ y todo departamento de física debería tener un artista en residencia", propone.

"Es importante que los científicos aprendan a incorporar el arte dentro del proceso experimental", dijo.

"Contemplar el arte, involucrarse con el arte, interrogar al arte, puede ayudarnos a hacer mejor ciencia", concluyó.


Cortesia: BBC Mundo



Ciencia y arte: caminos entrecruzados

En la mente de muchos, científicos y artistas pertenecen a dos especies distintas, que se de dedican además a actividades radicalmente diferentes.

A los primeros, por lo general se los asocia con el mundo de la verdad, la evidencia, el método riguroso: el saber.

A los segundos, con el mundo de la imaginación, la inspiración, la espontaneidad: el sentir

Ciencia y arte tienen, sin embargo, muchas más cosas en común de lo que nos hemos acostumbrado a creer.

Y cada vez más artistas, como el estadounidense Stephen Wilson, desarrollan su trabajo creativo en la intersección entre arte, ciencia y tecnología.

Ya no en museos, estudios y galerías, sino en laboratorios.

Se trata, sostiene Wilson en su libro "Arte + Ciencia hoy", de un espacio para la creación artística particularmente vibrante.

Probablemente, afirman algunos, de uno de los espacios más importantes para el arte del siglo XXI.

Lea también: "La ciencia necesita al arte" y vea: Fotos en la frontera entre el arte y la ciencia

Acercando la ciencia al público

Los ejemplos incluyen desde imágenes generadas con la ayuda de poderosos microscopios electrónicos, hasta la modificación genética de seres con fines "artísticos", como el conejo que brilla al ser sometido a un tipo especial de luz azul, del artista brasileño-estadounidense Eduardo Kac.

Tampoco faltan las instalaciones interactivas, en las que los movimientos o las variaciones en el pulso o temperatura corporal de los participantes son capturadas por sensores especiales y traducidas en música o espectáculos luminosos. O performances controladas remotamente a través de internet. Entre otros.

Estos artistas, sin embargo, no sólo están aprovechando los avances científicos y las nuevas tecnologías para crear nuevas imágenes, sonidos, objetos o experiencias.

Al hacerlo, explica Wilson, también están ayudando a arrojar algo de luz sobre las implicaciones filosóficas, culturales y sociales derivadas de la investigación científica y el progreso tecnológico.

Y esa, sostiene, es una tarea de fundamental importancia.

"Le pedimos a la sociedad que tome todo tipo de decisiones sobre temas como la bioingeniería, etc. Y a menudo el público no tiene suficiente conocimiento ni las herramientas como para hacerlo", dijo Wilson en conversación con BBC Mundo.

"El arte puede ayudar a hacer más transparente el discurso, alentar la curiosidad de la gente o mejorar su nivel de conocimiento", explicó.

Como ejemplo, Wilson también ofrece su serie de instalaciones "Protozoa Games".

En una de estas instalaciones, que emplea microscopios digitales y tecnologías de detección de movimientos, los humanos juegan a imitar los movimientos de un grupo de protozoos (organismos microscópicos unicelulares) vivos.

"A través de estos juegos, la gente empieza a interesare y a entender mejor el mundo de estos seres, a primera vista tan simples", le dijo Wilson a BBC Mundo.

"En el fondo, se trata de una oportunidad para apreciar mejor la complejidad de la vida", sostiene el también profesor de arte conceptual de la Universidad Estatal de San Francisco.

Un espacio para la innovación

Esto no significa que en la intersección entre arte y ciencia, el rol del artista deba limitarse al de portavoz o educador.

De hecho, para Wilson, el arte debe sobre todo aspirar a convertirse en una zona de exploración independiente, en un espacio para la experimentación libre de los condicionamientos epistemológicos (y económicos) que restringen a la investigación científica tradicional.

"Tanto científicos como artistas necesitan recurrir a la imaginación. El trabajo de ambos puede describirse como la exploración de una realidad que no conocen completamente. Y a lo que ambos aspiran es a ofrecer algún tipo de explicación sobre el mundo", dijo Wilson.

"Pero aunque exploren temas similares o partan de las mismas ideas, la ciencia busca verdades ‘universales’, que puedan ser verificadas por grandes comunidades. Y los artistas persiguen verdades individuales, idiosincráticas –aún cuando, en el fondo, esperan que estas también tengan valor universal", explicó.

En otras palabras, los artistas son más libres. Y en esto, sugiere Wilson, radica el poder de su posible contribución al mundo de la ciencia.

Al no estar tan condicionados por los paradigmas científicos dominantes o las barreras disciplinarias, los artistas que trabajan estos temas pueden innovar y explorar dimensiones que no están siendo atendidas por la comunidad científica.

"Y los artistas tecnológicamente sofisticados también pueden desarrollar nuevos productos sin tener que preocuparse por la posibilidad de generar ingresos inmediatos o por sus utilidad práctica", afirma Wilson.

¿El futuro del arte?

Todo esto, sin embargo, no significa que ese sea el único camino posible para el arte en este siglo de rápidas transformaciones tecnológicas y alucinantes descubrimientos científicos.

"El mundo del arte es tremendamente amplio y la corriente dominante todavía tiene que ver con vender pinturas y esculturas", reconoce Wilson.

"De hecho, muchos museos todavía no considerarían exhibir muchas de las obras de arte y ciencia. Lo que les interesa es ayudar a preservar los valores de la sociedad y permitirnos apreciar mejor el pasado", afirma.

"Hay, sin embargo, artistas que por el contrario dicen ‘vivamos la locura’ y tratemos de anticipar el futuro; que están pendientes de lo que ocurre en el mundo de la ciencia y la tecnología y ayudan a llamar la atención sobre esos descubrimientos".

"Y eso" concluye el profesor "me parece muy importante".


Cortesia: BBC Mundo