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jueves, 2 de junio de 2011

Crean compuesto oloroso que confunde a los mosquitos

Mosquito (SPL)
Un nuevo compuesto bloquea la capacidad del mosquito para oler al ser humano.

Científicos en Estados Unidos crearon un compuesto que interfiere en la capacidad de los mosquitos para oler al ser humano.

Tal como señalan los investigadores de la Universidad de California, en Riverside, el avance podría conducir al desarrollo de una nueva generación de repelentes e insecticidas.

Esto podría prevenir enfermedades propagadas por la picadura de mosquitos, como la malaria, dengue y fiebre amarilla, que resultan en varios millones de muertes cada año en el mundo.

Rastro de olor

Tal como explican los científicos en la revista Nature, para encontrar un huésped humano a quien picar para propagar un parásito, los mosquitos utilizan esencialmente el olor de dióxido de carbono que exhalan los humanos.

El insecto puede detectar cambios minúsculos en las concentraciones de este gas y rastrearlo hasta donde se encuentra el aliento humano.

Este mecanismo ya se conocía y desde hace tiempo los científicos están buscando formas de interferir en esta maquinaria de detección de los insectos para poder controlar la propagación de las enfermedades parasitarias que transmiten.

Ahora, el profesor Anandasankar Ray y su equipo identificaron el en laboratorio tres clases de moléculas de olor que, dicen, pueden bloquear casi totalmente la detección de dióxido de carbono del mosquito.

Para comprobarlo probaron las sustancias con tres epecies de mosquito: el Anopheles gambiae (que propaga malaria), el Culex quinquefasciatus (que propaga filariasis y virus del Nilo occidental) y el Aedes aegypti (dengue y fiebre amarilla).

Se calcula que sólo estas tres especies propagan enfermedades a más de 500 millones personas cada año y causan varios millones de muertes.

Las sustancias que identificó el profesor Ray funcionan bloqueando los receptores de dióxido de carbono del insecto, que están localizadas en apéndices microscópicos en las antenas cerca de la boca del animal.

Los compuestos que crearon son tres: inhibidores, que inhiben el receptor de dióxido de carbono; imitadores, que simulan al dióxido de carbono y pueden ser usados como trampas para atraer al insecto y alejarlo de los humanos.

Y el tercer tipo son cegadores, que causan una activación excesivamente prolongada de los sensores de dióxido de carbono engañando al mosquito para que crea que está rodeado de enormes cantidades del gas y no pueda detectar hacia dónde dirigirse.

"Estas sustancias químicas ofrecen ventajas poderosas como herramientas potenciales para reducir el contacto entre humano y mosquito" explica el profesor Ray.

Insecticidas y trampas

"Y pueden conducir al desarrollo de nuevas generaciones de repelentes insecticidas y trampas".

Mosquito
El mosquito rastrea al humano por el dióxido de carbono que exhala.

Agrega que "la identificación de estas moléculas de olor, que pueden funcionar en bajas concentraciones y por lo tanto son económicas, podría ser enormemente efectiva al comprometer la capacidad del mosquito para buscar humanos y así ayudar al control de enfermedades propagadas por la picadura de un mosquito".

Un obstáculo, sin embargo, es que el dióxido de carbono no es el único gas que huelen estos insectos al rastrear humanos. También utilizan el olor del sudor.

Tal como explica el doctor James Logan, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, "aunque este estudio es muy alentador, los autores todavía deberán demostrar que los compuestos son capaces de proteger al humano de picaduras".

"Aunque el dióxido de carbono es una clave importante para el mosquito, sabemos que estos insectos responden de forma diferente a una trampa que libera dióxido de carbono que a un ser humano que libera el gas".

"Este último libera una compleja mezcla de muchos compuestos atractivos para el insecto, calor, signos visuales y humedad".

"La pregunta clave es ¿pueden estos compuestos realmente proteger al ser humano de una picadura?".

Ahora deberán llevarse a cabo más investigaciones para comprobar qué concentraciones pueden utilizarse y si son seguras para la salud humana.

De cualquier forma, afirman los expertos, el hallazgo ofrece la posibilidad de desarrollar una "herramienta prometedora" para proteger a grandes números de personas, principalmente del mundo en desarrollo, que actualmente son vulnerables a estas devastadoras enfermedades.

Cortesia: BBCmundo.com

miércoles, 9 de marzo de 2011

Fármaco contra el cáncer mata al parásito de la malaria

El parásito entra al organismo con la picadura de un mosquito infectado.

Un equipo internacional de científicos descubrió que un fármaco que se usa para el tratamiento de quimioterapia en pacientes con cáncer puede matar al parásito que causa la malaria.

El hallazgo, afirman los científicos en la revista Cellular Microbiology (Microbiología Celular), abre la posibilidad de poder desarrollar una nueva estrategia para combatir la malaria, que mata a entre uno y tres millones de personas y afecta a unos 250 millones en el mundo cada año.

El estudio fue llevado a cabo por científicos del Instituto de Salud Global (GHI), de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza, y el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia (INSERM).

Hasta ahora los esfuerzos para encontrar nuevos tratamientos antimaláricos se han visto plagados de dificultades.

Esto se debe principalmente a que los parásitos que causan la enfermedad, los Plasmodium, han demostrado tener una capacidad asombrosa para desarrollar resistencia a los fármacos.

Secuestro de señales

En la nueva investigación los científicos descubrieron que cuando el parásito entra en el organismo humano -con la picadura de un mosquito infectado- se esconde del sistema inmune para poder reproducirse, primero dentro del hígado y posteriormente en los glóbulos rojos.

Y para poder llevar a cabo ese proceso el parásito depende de una serie de señales de comunicación que regulan la actividad entre las células huésped.

Los investigadores descubrieron que el parásito "secuestra" estas señales de comunicación y las utiliza para lograr su propósito.

Y éstas son las mismas señales que una nueva clase de fármaco para quimioterapia, llamado inhibidores de quinasas, intenta combatir.

Cuando los científicos utilizaron el fármaco para tratar en el laboratorio a glóbulos rojos infectados con malaria, el parásito dejó de reproducirse y murió.

Los investigadores probaron el fármaco tanto con el Plasmodium falciparum como con una versión del parásito que infecta a roedores, el P. berghei, y en ambos casos, tanto en células hepáticas como en glóbulos rojos, el parásito dejó de proliferarse y murió.

Esto -dicen los autores- indica que la desactivación de las señales en las células huésped puede ser una estrategia efectiva para combatir las varias cepas del parásito que se sabe infectan a los humanos.

Nueva estrategia

Hasta ahora no se ha logrado desarrollar un tratamiento efectivo para malaria.

"Este hallazgo abre la posibilidad de toda una nueva estrategia para combatir la enfermedad", afirma el profesor Christian Doerig, quien dirigió la investigación.

"En lugar de atacar al propio parásito, podríamos lograr que el ambiente de las células huésped donde se esconde le sea totalmente inútil y de esta forma poner fin a su ciclo mortal", expresa.

El investigador explica que debido a que esta estrategia ataca a las células que el parásito utiliza para reproducirse y sobrevivir, sin éstas sería incapaz de llevar a cabo su principal modus operandi: el desarrollo de resistencia a los fármacos.

Aunque ya existen varios fármacos inhibidores de quinasas que se usan en la clínica como tratamientos de quimioterapia para cáncer, éstos son altamente tóxicos.

Los investigadores creen que para usarlos en el tratamiento de malaria sería necesario usarlos en períodos mucho más cortos para disminuir su toxicidad.

Pero ahora, dicen, será necesario evaluar la posibilidad de llevar a cabo ensayos clínicos para probar las propiedades antimaláricas de estos medicamentos.

Cortesia: VOAnoticias.com

jueves, 18 de noviembre de 2010

Prueban vacuna contra la malaria

Las primeras pruebas clínicas de la vacuna contra la cepa más difundida de la malaria, Palsmodium vivax, se está llevando a cabo en el Insitituto de Investigación del Ejército Walter Reed (WRAIR, por sus siglas en inglés), cerca de Washington D.C., en EE.UU.

La BBC conversó con los que lideran este proyecto, así como con quienes se someten a ser infectados por picaduras de mosquitos en aras de la investigación.

El médico de campaña Joseph Civitello reconoce que quedar deliberadamente infectado con malaria -una de las enfermedades más mortales del mundo- es "difinitivamente una locura".

Pero sin voluntarios como él, sería casi imposible poner a prueba la nueva vacuna con la que se pretende proteger a los militares en ultramar y evitar los aproximadamente 300 millones de casos de malaria que ocurren todos los años.

El primer sargento Civitello toma parte en las primeras pruebas clínicas del mundo contra la Plasmodium vivax -la cepa más difundida de la malaria.

No es tan mortal como la Plasmodium flaciparum, que es endémica en África y cobra la vida de millones de personas, pero puede resurgir años después de la infección y dejar a sus víctimas extremadamente enfermas.

"Es curioso porque me sometí a esto sabiendo que me iba a enfermar", explica el sargento.

"Afortunadamente estoy en una habitación de hotel rodeado de doctores y enfermeras y no afuera en alguna selva".

Al contrario de los otros voluntarios en este excepcional experimento, Civitello no recibió la vacuna que se está poniendo a prueba.

Pruebas a humanos

Él es parte de un pequeño grupo de control -una medida humana- requerida por los doctores para confirmar que todos los participantes del estudio han sido infectados.

Y, tal como se predijo, unos diez días después de ser picado por los mosquitos en el laboratorio, registró todos los síntomas de malaria.

"Empezó con un dolor de cabeza, después un malestar general durante todo el día. Me dolían los ojos y estaba muy sensible al frío y al calor. También la piel la tenía sensible y sufría de escalofríos la noche entera. Era como una gripe muy intensa", relató Civitello.

A otros 27 voluntarios del estudio se les aplicaron varias dosis de la vacuna durante varios meses antes de la infección.

Esta fue desarrollada por científicos del WRAIR y consiste en una proteína que estimula el sistema inmune y dispara las defensas naturales contra la enfermedad.

Después, a principios de noviembre, fueron picados por mosquitos importados desde Tailandia e infectados con la malaria Plasmodium vivax.

Una pequeña caja conteniendo los insectos fue colocada sobre sus brazos durante varios minutos y repetidamente hasta que cada uno recibió cinco picaduras para asegurarse de la infección.

"Lo que hace que este proceso sea único es que no sabemos si la vacuna sirve hasta que sea expuesta al patógeno -en esta caso la malaria. Y la malaria sólo puede ser trasmitida por la picadura de un mosquito", comentó el coronel Christian Ockenhouse, director del Programa de Investigación de la Vacuna de la Malaria del WRAIR.

Añade que: "Lo que hacemos aquí juega un papel crítico y fundamental en la lucha contra la malaria. Sin este modelo de someter el cuerpo humano a la malaria, no seríamos capaces de desarrollar y definir si una vacuna sirve o no".

"Cuesta millones de dólares poner a prueba una vacuna y si podemos asegurarnos de eliminar las que no sirven y continuar con más pruebas a las que prometen algo, ahorraremos millones de dólares".

Las vacunas contra la malaria no han podido desarrollarse debido a la capacidad del parásito de evolucionar y adaptarse rápidamente al organismo anfitrión.

Movimiento internacional

La Fundación Gates ha invertido US$1.400 millones en la lucha contra la enfermedad y en una campaña global que ivolucra a muchas organizaciones, desde el WRAIR hasta las grandes empresas farmacéuticas, como GlaxoSmithKline.

La fuerza armada de Estados Unidos ha estado a la vanguardia del desarrollo de vacunas desde la Guerra Civil de ese país por la capacidad de la malaria de entorpecer operativos si los soldados se enferman. La cepa Plasmodium vivax es un problema particular de las tropas que sirven en Afganistán.

Por el momento, la única otra manera de evitar la infección es protegiéndose de las picaduras por medio de mosquiteros o insecticidas.

Una prueba de la vacuna contra la malaria Plasmodium flaciparum, que involucra 16.000 menores en África, estará completándose el año entrante.

Los voluntarios de las primeras pruebas de la vacuna Plasmodium vivax reciben varios miles de dólares en compensación.

Dicen que el dinero es un incentivo apara tomar parte, pero la mayoría lo hace porque quieren ayudar a avanzar la ciencia de la medicina.

"Mi padre era médico y siempre supe que para lograr avances se necesita la participación humana", dijo Mengee Shan, un voluntario del grupo de control.

"Como estudiante de ciencias, sentí que hubiera tenido que reformular mi carrera si no me dedicaba a hacer algo como esto, sobre todo si voy a estar pidiendo a otros que participen en mis proyectos médicos".

Renee Kruger, una madre soltera de Maryland, manifestó que el dinero le ayudará a pagar los gastos de navidad, pero siente que está haciendo algo que vale la pena.

"Algunas personas pueden tener miedo de hacer algo así, pero cada medicamento tiene que ser probado con humanos, así que por eso lo hago".

Doce días después de ser picada, no registra señal alguna de la infección, aunque otros que recibieron la vacuna están registrando positivo para malaria.

A la espera de los resultados

Los científicos afirman que tomará una semana más antes de que puedan determinar la extensión del éxito o fracaso de la prueba.

Puede que la vacuna haya ofrecido protección limitada a algunos de los voluntarios o que haya sido completamente efectiva en otros.

En todo caso, los resultados servirán para desarrollar mejores vacunas en el futuro.

"Generalmente toma entre 15 y 20 años para desarrollar un nuevo medicamento o vacuna antes de que salga al mercado", explica el coronel Ockenhouse.

"Pero el mundo no tiene 15 o 20 años para esperar otra vacuna contra la malaria -así que cualquier cosa que podamos hacer para progresar rápidamente en este proceso es muy importante".

Entretanto, los voluntarios se están quedando en un hotel en Maryland, donde pueden ser observados las 24 horas del día.

Algunas de las habitaciones han sido transformadas en una clínica y un laboratorio, para que las muestras de sangre puedan ser examinadas inmediatamente para cualquier señal de malaria.

Si los voluntarios caen víctimas de la enfermedad, son tratados al instante con medicamentos para asegurar que no sufran consecuencias duraderas de la prueba.

Cortesia: BBC Mundo