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lunes, 8 de noviembre de 2010

Flores en el tejado

La incorporación de césped y plantas en algunos techos de Montevideo quebró la gris monotonía de los tejados y llama la atención de los residentes que miran por las ventanas o las terrazas de los edificios más altos.

El complejo World Trade Center, compuesto por tres torres de entre 60 y 70 metros de altura y un conjunto de tiendas comerciales más bajas, fue uno de los primeros en adoptar los llamados "techos vivientes" o "techos verdes" en la capital uruguaya.

"Decidimos hacerlo por un tema estético y medioambiental", le explicó a BBC Mundo el arquitecto de las torres, Ernesto Kimelman.

"Creemos que las azoteas tienen que tener el mismo cuidado estético que la fachada y que todo el edificio, porque se miran también desde arriba, desde edificios más altos. La mayoría de las azoteas de Montevideo tienen tanques de agua, su diseño no es cuidado, el aluminio que se usa para impermeabilizar está a la vista, reflejando el sol y molesta a los ojos de quien lo ve", explicó.

Ahora, mirar a través de la ventana de su oficina en el piso 11 de una de las torres del complejo es para él un placer. Hay más de 2.500 metros cuadrados de verde, incluyendo césped y plantas, muchas de las cuales acaban de florecer.

Más que bonito

Los beneficios de crear este tipo de azoteas van más allá de lo estético. También representan una forma de cuidar el medioambiente y generan un ahorro energético.

Las construcciones que tienen una azotea verde gozan de un mejor aislamiento acústico, térmico e hídrico, explicó el arquitecto.

"Las impermeabilizaciones que están debajo de un manto vegetal están menos sujetas a las variaciones de temperatura, de las dilataciones y contracciones que provoca el sol, y que facilitan la generación de fisuras por donde luego entra el agua. Los techos verdes mantienen la humedad y alargan la vida de las impermeabilizaciones", indicó.

Durante períodos de lluvia, los techos verdes se comportan como una enorme esponja que retiene el agua hasta que pase la tormenta y la suelta de a poco hacia la red pluvial, por lo que se evita la llegada simultánea del agua a las canalizaciones de desagüe y posibles inundaciones.

Esos beneficios han sido apreciados desde años en países europeos como Alemania y los países escandinavos, precursores de los techos verdes. En América Latina, ciudades como México, Buenos Aires, Santiago y Bogotá también han valorado sus virtudes y varios edificios públicos y privados tienen jardines o césped en sus azoteas.

¿Por qué no se hace en mayor escala?

Alicia Picción, directora del departamento de Clima y Confort en Arquitectura de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, le explicó a BBC Mundo que la inserción de este tipo de tecnologías tiene un proceso lento.

"Es un tema cultural, hay una tradición de construcción que cambia lentamente. (En Uruguay) se han realizado algunas experiencias en casas (sobre todo en balnearios), construidas por arquitectos que hacen construcciones ecológicas, que trabajan con barro, con madera," indicó.

El problema principal es el costo que, al menos en Uruguay, triplica el de una azotea tradicional. El arquitecto Kimelman indicó que construir un techo verde cuesta unos US$80 el metro cuadrado.

La arquitecta Picción destacó que si bien el costo inicial es más alto, "a largo plazo el costo final va a ser menor porque tiene menos mantenimiento en términos de materiales y te hace consumir menos energía. Hay que seleccionar un buen tipo de pasto y mantenerlo y eso tiene un costo mucho menor que rehacer la azotea cada 10 años porque los materiales pierden vigencia".

Además de poner en la balanza costos y beneficios, los arquitectos entienden que para lograr que esta tendencia se generalice debería haber un cambio en la mentalidad de los clientes.

Según Kimelman, "es claro que nadie paga más por un departamento cuyo edificio tiene azoteas verdes. Cuando el emprendedor está enfocado en obtener un beneficio económico como beneficio exclusivo de su desarrollo, prefiere gastar menos y no hacer este tipo de techos".

Por eso, asegura, "es importante que la ciudad, o el Estado, se interesen por el tema y promuevan la realización de este tipo de techos, como por ejemplo a través de exoneraciones impositivas", como hacen otras ciudades como Buenos Aires o Berlín.

Por ahora no

Desde el gobierno de la ciudad, Noemí Alonso, directora de la División Tierras y Hábitat de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), descartó que se otorguen subsidios o exenciones.

"A pesar de que los techos verdes son una solución bastante inteligente y eficiente, nos es imposible dar beneficios, no porque no nos parezca bien sino porque tenemos otras miles de prioridades", le dijo a BBC Mundo.

Los futuros proyectistas y constructores podrían ser clave en la ampliación de esta técnica. Picción asegura que en la Facultad de Arquitectura los estudiantes reciben formación sobre el tema y ya en los trabajos que deben realizar durante la carrera están proponiendo la implementación de "techos verdes".

Kimelman indicó que el retorno de hacer estos techos verdes "no es económico sino la satisfacción de saber que se está haciendo algo por el bien de la ciudad, que los clientes y el entorno lo disfrutan. Tanto los vecinos como quienes visitan el edificio, todos tienen alguna palabra de aliento y elogio para la iniciativa".

"Si se incentivara a los vecinos a construir techos verdes tendríamos un paisaje maravilloso", concluyó.


Cortesia: BBC Mundo














domingo, 7 de noviembre de 2010

Guía virtual para un jardín ideal

Aunque la palabra “jardín” suena saludable y ecológica, muchas veces puede estar causando daño al planeta.

“Los jardines convencionales a menudo trabajan en contra de la naturaleza”, explica Holly Shimizu, directora del Jardín Botánico de Estados Unidos.

Por esto, su organización lanzó una nueva iniciativa virtual para ayudar a cualquier interesado en crear un jardín sostenible en el mundo actual.

Landscapeforlife.org es una página web muy fácil de navegar donde usted puede encontrar consejos sobre cómo crear su propio jardín sostenible, en su propia casa y bajo cualquier circunstancia.

Los principios sostenibles bajo los que se rige esta iniciativa fueron establecidos por expertos a lo largo de cuatro años de investigación en laIniciativa de lugares sostenibles, SITES. Estos parámetros son utilizados para dar a las construcciones profesionales una calificación sobre lo “verde” y sostenibles que son sus jardines y paisajes. Ahora estos parámetros pueden ser utilizados por cualquiera en su casa.

Este proyecto, del Jardín Botánico de Estados Unidos y el Centro Lady Bird Johnson Wildflower de la Universidad de Texas, permite seguir paso a paso los métodos ideales de construcción y diseño de un jardín que ayude al medio ambiente y a su vez permite identificar cuáles son los que procesos que llevan a todo lo contrario.

Por ejemplo, para procurar un mejor uso del agua es conveniente estudiar el tipo de tierra y clima con los que se está trabajando antes de decidir qué plantas sembrar. A su vez, hay sugerencias de dónde sacar abono, alternativas de riego y guías de cómo ahorrar agua durante este proceso.

Aunque hay sistemas muy elaborados para recoger el agua de la lluvia, Ray Mims, especialista en prácticas sostenibles, explicó que “cualquier barril limpio se puede utilizar siempre y cuando previamente no haya sido utilizado para almacenar productos químicos”. El conservador del Jardín Botánico de Estados Unidos también dijo a voanoticias.com que él considera que el primer paso debe ser "conocer el lugar. Esto significa entender la tierra, los patrones de sol, lo que hay que hacer para mantener su sitio y lo que podría hacerse para mejorarlo”.

Para aquellos que todavía se están preguntando cuáles son las diferencias entre un jardín convencional y uno hecho con prácticas sostenibles, estas son algunas pautas.

Los jardines convencionales en ocasiones usan madera que pone en peligro algunas especies de árboles, materiales contaminantes, insecticidas, químicos y fertilizantes. se construyen sobre pavimento lo que hace que el agua valla al alcantarillado, utilizan plantas invasoras ajenas a la zona climática.

Por su parte, los jardines sostenibles utilizan el agua de la lluvia y están diseñados para mantener este tipo de agua en la tierra y no en los acueductos, promueven la reutilización y reciclaje de elementos, utilizan desechos alimenticios como fertilizantes, y los desechos se reutilizan como abono.


Cortesia: Voz de America

viernes, 5 de noviembre de 2010

Sembrando en el asfalto


Jardines cubriendo las paredes, matas en los balcones y granjas verticales se apoderaran pronto de las ciudades.

Hay una corriente de estadounidenses preocupados cada vez más por tener alimentos frescos y saludables en su dieta.

Una de las opciones para acceder a comida fresca es que viaje la menor distancia entre el lugar de producción y la mesa donde se sirve la cena.

Y si cercanía es lo que se persigue, que puede ser más cercano que el balcón de tu apartamento.

En Nueva York, la gente cada vez está gastando más tiempo, dinero y energía en tener el lujo de sembrar su propia comida.

Las causas van desde querer saber de dónde vienen los alimentos, por desconfianza de las grandes empresas agrícolas, hasta el afán por ahorrar unos dólares al mes.

La práctica se ha propagado tanto que hasta una escritora del New York Times se dedico por seis meses a investigar – probar – si verdaderamente ahorra un par de dólares al mes. También ahora es fácil encontrar grupos de gente que comparten consejos por internet o que se reúnen para sembrar colectivamente en su cuadra, jardines comunitarios.

El único inconveniente es que el espacio en ciudades como Nueva York es muy escaso, de hecho a veces ni siquiera balcón hay en los apartamentos.

Dickson Despommier, profesor de la Universidad de Columbia promueve con sus proyectos las granjas verticales como la solución para el problema de espacio. Además las granjas verticales tienen la ventaja de además de dar frutos localmente, producir a lo largo del año y pueden ser operadas a través de energía renovable.

Para otros la solución es comprar sus alimentos a campesinos locales, quienes garantizan que no utilizan químicos o insecticidas para cultivar sus productos y a su vez la frescura de alimentos por lo que no tienen que viajar largas distancias.

Como todo reto de la vida cotidiana, tarde o temprano se refleja en el arte, estas preocupaciones alimenticias salen a la luz en las películas recientemente presentadas al público: La nación de la comida rápida (Fast Food Nation)”, El rey maíz (King Corn) y Comida Incorporada (Food Inc) .


Cortesia: Diana Logreira - Washington, DC; Voz de America